Autor: Ángel Álvarez.

Cronología: 1870.

Material: Madera policromada. Imagen de candelero para vestir.

Descripción: La efigie fue tallada en el año 1870 por el escultor e imaginero Ángel Álvarez, muy influido por la estética de su maestro: Manuel Gutiérrez Reyes, la figura más importante del eclecticismo imperante en la escultura sacra sevillana de la segunda mitad del siglo XIX. Es por ello que la talla, de candelero para vestir, supone una conjunción de tres tendencias escultóricas: romanticismo, clasicismo y barroco. Lo primero se manifiesta en la idealizada dulzura del simulacro; lo segundo, en la elegancia de su modelado, y lo tercero en la composición general de la figura, que aparece arrodillada y con las manos entrelazadas, en actitud orante, bajo el Crucificado expirante, al cual dirige su apenada mirada. Como elementos postizos lleva larga cabellera de pelo natural, pestañas del mismo material en los párpados superiores y varias lágrimas de cristal que resbalan por sus carnosas mejillas. La imagen fue adquirida a Cofradía del Calvario de Sevilla, donde procesionaba en el único paso de misterio que, por aquel entonces, poseía la corporación de la Madrugada hispalense. En una restauración de la imagen, se descubrió su autoría junto a una curiosa leyenda que decía lo siguiente: Yo os digo: que soy María Magdalena de Nuestro Señor Jesucristo y que mi padre es el Santísimo Cristo del Calvario, que se venera desde el siglo XVI en la parroquial de San Ildefonso de la ciudad de Sevilla, y yo os pido alma, que me llevéis al lado de dicha sacratísima imagen, pues vine al mundo por encargo de la piadosa hermandad de este nombre, para adorarle al pie de la Santísima Cruz; en compañía de Nuestra Señora de la Presentación, San Juan Evangelista y las Marías, Salomé y Cleofás. La última restauración corrió a cargo del pintor e imaginero onubense Mario Ignacio Moya Carrasco, quien intervino en su policromía.

 

Fotografía de Sergio Cabaco Garrocho

 

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