Autor: Mario Ignacio Moya Carrasco.

Cronología: 1996.

Material: Óleo sobre lienzo.

Medidas: 270 x 180 cm.

Descripción: Según el historiador Manuel Jesús Carrasco Terriza, el joven pintor onubense sigue la iconografía tradicional y la línea estética del realismo sevillano, y representa a la Purísima en una composición llena de frescura y modernidad, de dinamismo y de brillante colorido. La Virgen viste túnica blanca y se cubre con manto azul recogido en el brazo izquierdo. Los paños movidos por el aire sugieren un cielo abierto, la elevación de María sobre el tiempo y el espacio, predestinada desde la eternidad. Apoya un pie en el orbe, y con el otro pisa la serpiente. Completa su escabel la media luna entre nubes. A un lado, una pareja de ángeles sostienen la antorcha, emblema de la luz de la fe; al otro lado, un ángel sostiene el áncora, atributo de la esperanza, en alusión a la imagen titular de la Cofradía de San Francisco, y otro lleva un corazón, símbolo del amor: las tres virtudes teologales. Otros querubines son portadores de azucenas blancas, señal de pureza inmaculada. Los tonos níveos de la Virgen destacan sobre un fondo de gloria, en vivos tonos dorados. El Espíritu Santo, en forma de paloma, sobrevuela sobre María, en consonancia con las palabras del ángel: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1, 35). Mario Moya se ha arriesgado con valentía en el uso de los tonos cálidos y fríos, armonizándolos certeramente para expresar la conjunción de lo divino y lo humano en Cristo, Verbo de Dios e Hijo de María. El cuadro, un óleo sobre lienzo de 270 x 180 cm , se debe a una iniciativa del capellán de la Hermandad de la Esperanza , don Antonio María Pulido Beltrán. Fue realizado por el autor en el año 1996.

 

Fotografía de Pedro Feria

 

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